Quién soy Cuando el Ruido Baja
Hay un momento —casi imperceptible— en el que el ruido comienza a bajar.
No porque todo esté resuelto, sino porque el cuerpo sostiene menos velocidad. Ese instante no llega con anuncios ni certezas. Llega como cansancio, como silencio incómodo, como una pregunta que insiste sin urgencia.
¿Quién soy ahora?
observando, siempre evolucionando a nuestro paso
Durante mucho tiempo creí que la identidad era algo que se alcanzaba. Un lugar al que se llegaba después de cumplir expectativas, sostener ritmos ajenos, demostrar constancia. Pero con los años —y con los cambios— entendí que la identidad no es una meta, sino un proceso vivo. Algo que se mueve, se repliega, se reescribe.
Cuando el ruido baja, aparecen capas que antes no tenían espacio. La mujer que fui, con su fuerza y su prisa. La mujer que soy, con sus límites y su sensibilidad. Y la que todavía no tiene nombre, pero ya pide atención.
Vivimos en una cultura que celebra el hacer constante, la claridad inmediata, la respuesta rápida. Sin embargo, hay etapas de la vida en las que esa lógica deja de funcionar. El cuerpo cambia. La energía se transforma. Lo que antes impulsaba, ahora pesa. Y no porque estemos fallando, sino porque estamos atravesando.
Nos sostenemos mientras pausamos.
Life staging no es retroceder ni avanzar linealmente.
Es reconocer que cada etapa tiene su propio lenguaje. Que no se puede habitar un nuevo momento con las mismas herramientas del pasado.
Convertirse —becoming— no es llegar a una versión final de nosotras mismas. Es permitirnos estar en tránsito sin necesidad de definirnos todo el tiempo. Es soltar la urgencia de explicarnos. Es aprender a escuchar antes de nombrar.
Cuando el ruido baja, también se revelan las preguntas más honestas:
¿Qué me sostiene ahora?
¿Qué ritmo me es posible?
¿Qué deseo sigue vivo, aunque haya cambiado de forma?
No siempre hay respuestas claras. A veces solo hay sensaciones. Una incomodidad leve. Un deseo de espacio. Una necesidad de pausa. Y eso también es información.
Autorretrato en blanco y negro .
Mira Lento nace desde ahí.
Desde la convicción de que mirar despacio no es perder tiempo, sino recuperar presencia. De que la identidad no se construye solo con decisiones visibles, sino con silencios habitados. De que hay una sabiduría profunda en permitirnos estar en proceso.
En este espacio no buscamos corregirnos ni reinventarnos de manera espectacular. Aquí honramos el tránsito. La contradicción. La belleza de no tener todo resuelto.
Porque cuando el ruido baja, no desaparecemos. Aparecemos de otra forma.
Y quizá eso sea suficiente, por ahora.

