Volver no siempre es empezar de nuevo

Cuando el viaje también es casa. Este reciente viaje no fue una pausa, fue trabajo. No en el sentido productivo, sino en el sentido más profundo de la palabra: estar disponible, atenta, presente. Esta vez no me moví para descubrir. Me moví para reencontrarme.

Volver a lo que ya fue hogar

Japón no es un destino nuevo para mí. Fue mi casa durante siete años. No vuelvo con ojos de visita, vuelvo con el cuerpo que recuerda los trayectos. Los silencios compartidos. La forma en que el tiempo se acomoda cuando dejas de empujarlo.

Volver ahí no es regresar al pasado,es tocar una capa de mí que todavía sabe habitar con calma. ¡Y cuánta falta me hacía esto! La cuestión mediática me estaba sacando de ruta, me estaba creando estrés, tristeza,ansiedad. Este viaje no planeado vino en el momento indicado por muchas razones. Y menos mal que seguí mi intuición, gracias a eso regresé con el corazón contento y energía renovada.

Corea y la memoria que sigue viva

Corea del Sur tampoco es una página en blanco. Es un lugar donde siempre aparecen curiosidades, detalles inesperados, recuerdos que no necesitan explicación. Hay algo familiar en esa energía: el contraste, la vitalidad contenida, la sensación de que lo antiguo y lo nuevo no se excluyen. Volver ahí es aceptar que algunas memorias no se cierran. Se transforman. Corea fue divertido. Y salí media freak de productos de cuidado de la piel, yo, la que casi ni se maquilla, entendí la importancia de cuidarse en el 5to piso. Y lo rico que se siente darse carinito “just because”. En este viaje no buscaba respuestas.

No esperaba enseñanzas. No fui a recolectar aprendizajes. Fui a reconectar, observar y darle duro a eso de “go with the flow”.

Fui a trabajar desde la atención. Desde escuchar. Desde una mirada que ya fue entrenada antes. El verdadero trabajo ahora es no intervenir de más. No traducir todo el significado inmediato. No convertir la experiencia en un resultado.

El cuerpo como archivo

Después de tantos años, entendí que el cuerpo recuerda mucho más de lo que la mente explica. Recuerda cómo moverse. Cómo esperar. Cómo observar sin urgencia. Volver a estos lugares es activar esa memoria silenciosa y dejar que guíe el ritmo.

No es irse lejos

No me fui lejos. Me moví dentro de algo que ya conocía. Quizás por eso este viaje se sintió distinto: no había expectativa, no había presión por volver cambiada, no había necesidad de demostrar nada.

Solo una disposición clara: trabajar desde la presencia en lugares que alguna vez me enseñaron a estar.

Estos viajes no son una huida ni un comienzo espectacular. Son continuidad. Una forma de volver a casa sin obviar lo que soy. Una forma de trabajar desde un lugar más honesto. Y quizás eso sea lo único que necesito ahora: seguir moviéndome sin perderme de mí. Mi fotografía está evolucionando de manera silenciosa; quiero compartirla de manera distinta. Quiero hacer solo lo que me emocione, me brinde alegría y me haga sentir que al fin pude librarme de la presión de llevar un negocio como se “supone”, como dicta un “trend” o un “guru”. Y aquí estoy, compartiendo mi proceso, porque sabrá Dios quién más se siente así y al igual que yo anda en la búsqueda de algo…

Karen Fabiola

Cabo Rojo, Puerto Rico & Jacksonville, Florida photographer for couples, families, and travelers—available for destination sessions across the globe. Timeless travel photography for love stories, family moments, and adventures

https://karenfabiolaphoto.com
Next
Next

Kaizen para dejar de complicarse